Parentalidad positiva

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Al hablar de parentalidad positiva nos referimos a un modo de ejercer el papel de padres que facilita el desarrollo integral del niño y la niña desde la no violencia, el afecto, el cuidado y la protección, de manera que su crecimiento tenga lugar en un ambiente de reconocimiento personal y de respeto.

La parentalidad no depende de la estructura o composición familiar, sino que tiene que ver con las actitudes y la forma de interaccionar en las relaciones paterno/materno-filiales.

Esto, que parece básico y que en todas las familias se debería dar por definición, en realidad nos puede llegar a resultar más difícil de lo que parece de llevar a cabo en la vida cotidiana.

¿Por qué nos cuesta tanto mantener la calma en el día a día y en cambio nos resulta tan fácil levantar la voz (o la mano)? ¿Por qué otras veces hacemos caso omiso y les dejamos campar a sus anchas sin ningún tipo de límite? ¿Qué es lo que, en ocasiones, nos hace convertirnos en verdaderos monstruos a ojos de nuestros hijos mientras que  otras, en cambio, casi nos olvidamos de que existen? ¿Por qué en determinadas ocasiones existen familias que no pueden garantizar el cumplimiento de sus funciones parentales?

¿Seguimos el modelo parental en el que nosotros mismos hemos sido educados? ¿O, por el contrario, nos oponemos a él por definición? ¿O simplemente nos dejamos guiar por la moda Supernanny?

En realidad, la pregunta a plantearse debería ser: ¿qué estilo educativo es el mejor para mi familia (esto incluye a los hijos/as y a uno/a mismo/a?

Entre el autoritarismo (dictadura) y la permisividad (ausencia absoluta de límites) existe un punto medio: la disciplina (no confundir con autoritarismo). La parentalidad positiva se basa en la educación no violenta, que trata precisamente de trabajar la disciplina fomentando la dignidad del niño:

  • Respetando la dignidad del niño haciendo que se sienta valorado, estimado y aceptado.
  • Desarrollando un comportamiento pro-social, la autodisciplina y el carácter, confiando en la capacidad innata que todo ser humano posee para conducirse a sí mismo.
  • Facilitando la participación activa del niño y potenciando su compromiso social y su autoeficacia. Sentirse valorado y poder influir en las condiciones que nos afectan así como en las personas y cosas que apreciamos, son esenciales para la dignidad humana y la ciudadanía democrática.
  • Respetando las necesidades de desarrollo del niño y su calidad de vida.
  • Respetando la motivación del niño y su opinión.
  • Asegurando una equidad y una justicia transformadora.
  • Fomentando la solidaridad.

 

Orientaciones prácticas para una educación no violenta

Para que las técnicas disciplinarias sean eficaces deben inscribirse en el marco de una relación en la que el niño se sienta amado y seguro. En ese caso, las reacciones de los padres a la conducta de los niños, ya sean de aprobación o de desaprobación, producirán más efecto, ya que la aprobación parental es importante para el niño. Además, si las reacciones parentales se inscriben en el marco de relaciones afectuosas y sólidas, el niño tiene el sentimiento de que su entorno es estable y que un adulto competente vela por él, lo que favorece el desarrollo de un sentimiento de valor personal. Los educadores deben representar buenos modelos a los que los niños aprecian lo suficiente como para querer imitarlos y querer agradarles.

Pero, ¿cómo llevarlo a cabo sin perecer en el intento? Save the Children nos da una serie de consejos prácticos sobre parentalidad positiva y buen trato:

  1. Hacer caso siempre, atendiendo y entendiendo sus demandas.
  2. Armarse de paciencia.
  3. Poner normas claras, realistas y consistentes (pero no cuando se está enfadado o muy cansado).
  4. Dejarles participar en las decisiones escuchando su opinión.
  5. Demostrar abiertamente que les queremos, con abrazos y atención.
  6. Asumir los cambios que se producen en la adolescencia y adaptarse a ellos.
  7. Practicar la escucha activa.
  8. No recurrir nunca a la violencia o a la agresividad.
  9. Respirar hondo y pensárselo dos veces antes de actuar.
  10. Cuidarse y quererse uno/a mismo/a.

 

Estrategias para ayudar a los niños a adquirir comportamientos positivos

Eliminar un comportamiento no deseado sin contar con una estrategia para estimular un comportamiento más deseable, no es eficaz. Muchos comportamientos deseables aparecen a lo largo del desarrollo normal del niño; el papel del adulto es observarlos y prestarles una atención positiva a fin de potenciarlos. En cambio, hay otros comportamientos deseables que no forman parte del “repertorio” natural del niño y deben, por tanto, enseñarse. Podría tratarse, por ejemplo, de eso que se consideran “buenos modales”; o bien de comportarse conforme a principios aceptados a pesar de la presencia de recompensas inmediatas y fáciles de obtener para otros comportamientos.

Estrategias que ayudan al niño a adquirir comportamientos positivos:

  • Prestar una atención positiva regular y comunicarla a los niños de todas las edades.
  • Escuchar atentamente a los niños y ayudarles a expresar sus sentimientos.
  • Ayudarles a aprender cómo evaluar las consecuencias potenciales de sus elecciones.
  • Reforzar los comportamientos deseables nuevos con elogios frecuentes y no tener en cuenta las pequeñas desviaciones de conducta.
  • Dar la imagen de un comportamiento ordenado y previsible, de una comunicación respetuosa y de estrategias de resolución de conflictos cooperativas.

Toda disciplina debe ser constructiva. En vez de vigilar el comportamiento negativo en el niño, habría que concentrarse sobre el buen comportamiento, es decir, esperar a que se produzca, recompensarlo, conservar las expectativas realistas y velar para que el niño comprenda porqué tal o cual comportamiento es deseable. Además, todas las formas de castigo deben ser respetuosas con la persona y la dignidad del niño: es el comportamiento lo que debe criticarse, no al niño. Las medidas aplicadas a un niño o a un adolescente deberían prestar la debida consideración a la capacidad del niño para comprender las reglas y obedecerlas, a las circunstancias y a la gravedad de la trasgresión.

 

LA REPRIMENDA COMO MEDIO DE MODIFICAR EL COMPORTAMIENTO

Para castigar y modificar los comportamientos no deseados, muchos padres recurren a declaraciones verbales de desaprobación. Cuando no se utilizan con frecuencia y se aplican a comportamientos específicos, tales reprimendas pueden tener una eficacia pasajera y parar o reducir inmediatamente el comportamiento no deseado. Sin embargo, si se utilizan con frecuencia e indiscriminadamente, las reprimendas verbales pierden su eficacia y, de hecho, refuerzan el comportamiento no deseado, en especial porque centran la atención sobre el niño. Las reprimendas verbales deberían tratar sobre al comportamiento indeseable y no vilipendiar el carácter del niño.

Para que los niños puedan entender y seguir las reglas más fácilmente, éstas deberían ser:

  • Poco numerosas y relativamente sencillas.
  • Realistas y concretas.

Con el fin de fomentar el respeto de las reglas y la adopción de principios y valores prosociales, es esencial:

  • Dar muestras de equidad y de no discriminación
  • Evitar cualquier castigo o recompensa caprichosos o degradantes.
  • Aplicar consecuencias lógicas y naturales que respeten la dignidad y la integridad de las personas.
  • Ofrecer oportunidades a las contestaciones y rectificaciones.

 

PARA SABER MÁS

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